Divagaciones de una escritora que se pierde y se encuentra constantemente

12 días después de Elliot y Julián.

¡Hola!

Hoy no vengo con nada nuevo, ni siquiera sé muy bien por qué vengo, pero han pasado doce días desde que la historia de Elliot y Julián dejó de ser solo mía y me apetecía compartir unas palabras. Seré breve, lo prometo. Las 600 páginas las dejo para los libros.

Lo primero, daros las gracias por la acogida que les habéis dado, por los mensajes que me habéis enviado, el cariño, incluso las denuncias (jajaja) y las reseñas y valoraciones que habéis dejado. Soy muy consciente de que a todos nos faltan horas en el día, así que gracias de corazón por encontrar un hueco para expresar lo que os han hecho sentir Elli y Juls.

(No sigáis leyendo si no habéis acabado el libro porque se viene algún spoiler que otro)

Lo segundo…, Elliot y Julián no han sido fáciles. Quizá porque me han pillado en un momento personal bajo, emocional y fisicamente hablando (operación, mi hijo a miles de kilómetros de distancia…), quizá porque las expectativas eran demasiado altas (vuestras y mías), quizá porque esperé demasiado a escribir su historia y por momentos sentía que los había perdido, quizá porque había firmado un contrato con Audible y el deadline me pisaba los talones, (¡malditos deadlines!), quizá… quizá all of above: todo lo anterior.

No sé si lo recordáis, pero hubo un día (¿allá por diciembre? No me acuerdo, la verdad) en el que os pedí que me dijerais cuáles eran vuestras escenas favoritas de Julliot en los libros de la bilogía CAR y Solo un juego más. Vuestras respuestas fueron inmediatas, y la mayoría de ellas: todas. Y juntas fuimos desgranando todas esas escenas, y de ahí salió el famoso PDF de La pretemporada más larga de la historia, y no os imagináis lo que me ayudastéis sin saberlo, porque volver a ellos, a su pasado, y recordar todas esas escenas, me ayudaron a recuperarlos cuando pensé que los había perdido, así que GRACIAS. Ahora ya sabéis que si os pido algo así por redes sociales es porque algo no anda bien en mi cabeza, jajaja, pero no me importa.

También ha habido buenos momentos. Jolín, ha habido muy buenos momentos. Reconozco que me lo pasé pipa escribiendo el muro familiar, los mensajes en el móvil y las conversaciones en código morse, oh, Dios, y cuando Julián les confiesa a los chicos que lo sabe todo. Épico, jajaja. Y cuando Elliot va a casa de Julián a cantarle las cuarenta, pero se le olvida en cuanto el otro le abre la puerta descalzo, y tan guapo, y entonces se lanza a sus brazos y… eso. Ya sabéis lo que pasa ahí. Y el capítulo de la luna de miel. Ese lo disfruté muchísimo. Y el 25. Y el 26. Y los Donnelly. Y Blake. Oh, Blake. Y Jon. Oh, Jon.

Uno de los días que salí a correr me saltó la canción Mi vida eres tú, de la telenovela Cristal, y me vinieron a la cabeza decenas de escenas de ellos juntos, riendo, enamorándose y amándose. Volví a casa con una sonrisa enorme. Eso también me lo han dado ellos. Y mientras escribo esto me doy cuenta de que no he metido en los agradecimientos a la música y eso que sin ella no soy nada. Ya me vale.

En fin, que Julián y Elliot no han sido fáciles, y que es cierto que terminé su libro con una sensación un tanto agridulce, porque no los había disfrutado como a mí me gusta disfrutarlos y como pensé que los disfrutaría, y por no saber si les había dado la historia que ellos merecían, a veces tengo la sensación de que no plasmo en el papel lo preciosos que son en mi cabeza, pero… PERO… tengo que deciros que gracias a vuestros mensajes, y a vuestro cariño, aunque la sensación al escribirlos no se me va a olvidar, lo habéis hecho todo tan bonito que compartirlos con el mundo se ha convertido en uno de los momentos más especiales que he vivido como escritora. Y que los quiero muchísimo. Y que se me han quedado un montón de cosas en el tintero que no descarto escribir. Bendito el día en el que Elliot Schmidheiny apareció en mi cabeza por primera vez, porque personajes como él no ocurren todos los días. Love ya so much, Gordi. A ti también, Juls, jeje. Eres tan perfecto para él, y lo quieres tanto…

Gracias de nuevo por estar ahí. La escritura es un camino solitario, pero vosotras sois los pueblecitos en los que me paro a repostar, y de paso a comerme unas patatas fritas y una chocolatina, jeje. Y energías a tope para continuar. Así que continúo.

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